Líderes, justo a tiempo

Durante la Guerra Fría, en Estados Unidos solían llamar a su presidente “el líder del mundo libre”. Qué distantes se ven esos días. En la última semana, el mandatario de dicho país, Donald Trump, fue acusado consecutivamente de haber llamado ‘shithole countries’ (‘países de mierda’) a Haití, El Salvador y las naciones africanas y de haber pagado US$130.000, vía su abogado corporativo, a una actriz porno para que esta no diera declaraciones públicas sobre sus relaciones sexuales extramaritales.

Si así andan las cosas con el otrora líder del mundo libre, ¿dónde podemos encontrar liderazgos que inspiren? ¿Acaso en la clase política local, enfrascada en vacancias, indultos y rencillas partidarias y familiares? ¿O en el mundo empresarial, sacudido una y otra vez por el Caso Lava Jato?

Por eso, me parece crucial que, por cuarto año, El Comercio acompañe a EY y a Asbanc en la organización de los premios Líderes Empresariales del Cambio (LEC), cuya promoción 2018 se conocerá este miércoles. Y en marzo conoceremos a los ganadores de los premios de este año. Es un gusto y un honor contribuir a que historias como las de Rosario Bazán (Danper), Antonio Armejo (Ilender) y James Valenzuela (Resemin) -por citar solo a nuestros tres grandes ganadores de los años anteriores- trasciendan los confines de sus compañías, penetren en el imaginario social del país y lleguen cada año a Mónaco para competir en el World EY Entrepreneur of the Year.

Hay un pequeño detalle que siempre me ha admirado de los LEC. Tiene que ver con lo que no se ve de ellos en las entrevistas, el ‘detrás de cámaras’ que arroja luces sobre su personalidad. De forma unánime, siempre han mostrado una extremada puntualidad. No ha habido convocatoria que les hayamos hecho a la redacción de El Comercio en la que no hayan llegado escrupulosamente a la hora pactada, o incluso con una anticipación tan previsora que los encontraba esperando con paciencia y buen humor en la recepción del Diario.

Encontrar ese rasgo común dentro de un grupo de empresarios que es diverso en tantos otros aspectos -orígenes, sectores en los que se desempeñan, estilos de comunicación, entre otros signos- me lleva a pensar que hay una traza común en el liderazgo. Tiene que ver con el respeto por el otro, con cumplir la palabra empeñada, con ser un ejemplo para quienes dependen de uno y con no dar por sentado que se merecen consideraciones especiales por el simple hecho de haber tenido éxito. Cuán necesarias son estas cualidades hoy.

“Hay una traza común en el liderazgo y tiene que ver con el respeto por el otro”.

Fuente: Diario El Comercio (Perú)

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