Líderes que aprenden de la experiencia

Vivimos una época de polarización que deja atónitos a muchos líderes. En ese sentido, sirve mucho mirar a los otros para reflexionar sobre nosotros mismos. Lo que triunfa hoy es la empatía, la plasticidad y la tenacidad. Las mujeres, sobre todo, se destacan especialmente en estas habilidades.

Phumzile Mlambo-Ngcuka(izquierda) es la directora ejecutiva de la ONU Mujeres, y Fabiana Túñez, directora ejecutiva del Instituto Nacional de las Mujeres de Argentina (INAM). El 4 de octubre firmaron el acuerdo que oficializa la nueva oficina de ONU Mujeres en Argentina. EFE/Marina Guillén

Vivimos hoy una época de polarización que está muy lejos del una vez proclamado “fin de la historia”. Y esa característica deja atónitos a muchos líderes que sólo atinan a dejarse llevar por las encuestas. Mientras tanto, la confusión generalizada nos aleja constantemente de nuestra esencia de ciudadanos y nos aturde en un comportamiento de consumo y de ideas enlatadas para las que 280 caracteres parecen demasiados.

Entre nosotros, algunos no encuentran otra forma de protegerse de esta confusión más que aferrarse a prejuicios tajantes con los que buscan un sentido de pertenencia y una identificación que incluye denigrar a quienes piensan distinto.

Apertura de la nueva sede ONU Mujeres en Argentina. Foto: Luciano Thieberger-

Apertura de la nueva sede ONU Mujeres en Argentina. Foto: Luciano Thieberger-

Planteo que el rol principal del líder es llevar a una condición mejor a aquellos a los que lidera. Esa condición mejor, distinta en cada caso, es el resultado a alcanzar. La primera tarea del líder, entonces, es comprender y articular en conjunto el resultado deseado. La segunda es poner toda su pasión para alcanzarlo. Sin eso, sin la pasión, todas las técnicas, por más astutas y necesarias que puedan ser, se vuelven herramientas insulsas.

En mi caso, me ha tocado ejercer roles de liderazgo en ámbitos muy distintos. En la empresa privada me desempeñé en puestos directivos en IBM Argentina y, luego, como CEO de Telecom Argentina. En el mundo de las organizaciones públicas, me desempeñé primero en el espacio humanitario como Directora Ejecutiva Adjunta del Programa Mundial de Alimentos en Roma. Luego pasé al ámbito del mantenimiento de la paz, en el que me desempeñé como Secretaria General Adjunta para el Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno de las Naciones Unidas.

Con esas experiencias asumí una responsabilidad en la diplomacia internacional como Jefa de Gabinete del Secretario General de las Naciones Unidas. Y, desde diciembre de 2015 hasta junio de 2017, tuve el honor de servir como Ministra de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina.

He recopilado y presentado anécdotas verídicas de todos esos espacios buscando transmitir de manera concreta y honesta la forma en que he visto la aplicación real de los comportamientos característicos de líderes exitosos. Estoy convencida de que mirar a los otros nos sirve para reflexionar sobre nosotros mismos, por lo que no pretendo enseñar sino ayudar a cuestionar y a cuestionarse.

En este momento de la Argentina y del mundo necesitamos repensar y repensarnos, abandonar preconceptos y ofuscaciones, y buscar los comportamientos buenos para nuestras vidas. He aprendido que el verdadero éxito requiere pasión, pero no es una pasión excluyente, sino que es pasión inclusiva, pasión que reconoce y admite la parcialidad de todos nuestros saberes pero que se afianza en la inmutabilidad del principio del respeto por los derechos humanos. He visto triunfar a la empatía, la plasticidad y la tenacidad.

Y he visto, sobre todo, que todas estas cualidades necesarias para ser líder en el sentido más profundo y a la vez más práctico de la palabra, son cualidades esencialmente femeninas. No digo exclusivamente femeninas, pero sí digo que son cualidades en las que las mujeres generalmente nos destacamos, son cualidades que nos resultan naturales y que sabemos cultivar con energía y con convicción sobresalientes.

Por eso invito fervientemente, en esta propuesta de abandonar preconceptos y ofuscaciones, a trabajar y favorecer el empoderamiento de las mujeres como acto de justicia y también como acto inteligente y necesario para encauzar la salida de la confusión y del peligro en los que se debate este mundo cada vez más excluyente y más banal.

El próximo 8 de marzo celebraremos nuevamente el Día Internacional de la Mujer. En el año 1977 la Asamblea General de las Naciones Unidas animó a todos los países miembros a establecer esa fecha como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional, pero la celebración se enraíza en la proclamación del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer llevada a cabo en 1910 por la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas que se realizó en Copenhague.

Voto femenino, una de las primeras conquistas del empoderamiento de las mujeres.

Voto femenino, una de las primeras conquistas del empoderamiento de las mujeres.

En esa época, al mismo tiempo que luchaban por el derecho al sufragio, las mujeres ya levantaban sus banderas por condiciones de trabajo igualitarias y dignas. Mucho camino se ha recorrido, pero mucho queda por hacer por el bien de las mujeres y del mundo en su totalidad. Contrariamente a lo que muchos pueden creer, los movimientos que vemos hoy no son nuevos, son el producto de una larga historia de postergaciones.

Sería mi mayor satisfacción que este testimonio contribuyera, de alguna manera, a la preparación de la celebración del 8 de marzo con verdadera apertura y espíritu de justicia. Quisiera también que constituyera un aporte a la discusión sobre el papel de los líderes, en particular las mujeres, en la construcción de una sociedad más inclusiva y tolerante, condición fundamental para todo verdadero progreso.

Susana Malcorra es ex vicecancilller y autora de “Pasión por el resultado”, de editorial Planeta

Fuente: Diario El Clarin (Argentina)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *